Hace algunos meses me puse a pensar en la música que se escucha actualmente, tengo amigos que incluso me dicen: “Deberías de darle una oportunidad a las canciones actuales, hay algunas muy buenas”, y créanme, sí me he permitido escuchar a artistas recientes pero son muy pocos los que llegan a quedarse en mis playlists. Sin embargo hay ocasiones en las cuales me pregunto ¿qué clase de legado musical se le está heredando a las siguientes generaciones? Si bien recuerdo, todavía por 1998 o 1999 me tocó una programación decente de MTV, con “Los 5 Más Pedidos” que luego pasaron a ser 10, “Videorama”, “MTV Clásicos” series animadas como “Celebrity Deathmatch” y “Daria MTV”; incluso en una ocasión me tocó ver un Weekend con promocionales animados como “Chico Migraña”, entre otros. Actualmente, darle un breve repaso a los programas de MTV me resulta algo tan gratificante como una lobotomía o recibir una versión retorcida del tratamiento Ludovico, quitando a Beethoven y los nazis para reemplazarlos con adolescentes embarazadas y reggaetón.
Yo también preferiría tener pulmonía antes que ver adolescentes
haciéndo berrinches por sus fiestas de 15 años.
Recientemente leí un artículo de Cracked.com (mi droga virtual), escrito por el columnista Robert Brockway acerca de las 10 canciones más motivacionales de los 80’s. Entre la lista figuraban Queen, Bonnie Tyler, Pat Benatar, entre otros artistas y fue justamente con la canción “Jukebox Hero” de Foreigner que me dije “¿Qué van a escuchar los chavos de las siguientes generaciones y les motive a querer comerse el mundo? ¿Qué hará que sus cabecitas trabajen y maquilen sueños locos? ¿Con que beat sus corazones latirán más rápido de emoción?”.
Foreigner y su “Jukebox Hero”, en el momento que le di play al video, se convirtió en una de esas canciones que me dan ganas de escuchar en un concierto y una rola que durante cinco minutos veintidós segundos me hizo querer armar una rebelión. Es posible que esté exagerando con respecto a mi reacción, pero fue en ese instante que me percaté de lo majestuoso que debió haber sido vivir durante esa década, con grupos que te daban ganas de ponerlos como parte del soundtrack de la vida de uno.
Algunas personas me critican e incluso me ponen videos de artistas recientes para que deje mis canciones viejitas y me ponga a cantar cosas más recientes, el único inconveniente es que con la música actual pocas veces tengo la sensación de que recibir una descarga eléctrica. Eso solo me sucede cuando la melodía indicada choca con mis emociones, justo como cuando uno encuentra a alguien que le guste de verdad.
Una de los ejemplos que más me gusta poner es cuando escuché por primera vez a AC/DC mientras estaba en secundaria, mis amigas en ese momento estaban traumadas con la telenovela de “Rebelde” y por ende también con el grupo RBD, mientras tanto, yo me identificaba con la canción “For Those About To Rock (We Salute You)” a pesar de ser una canción de 1981. Eso era debido a que el track me daba unos escalofríos agradables, cosa que los artistas pop de esa época pocas veces lograban conmigo (y hasta la fecha es difícil, a menos que la canción sea excesivamente pegajosa).
En una charla de MSN con un amigo mío, nos pusimos a debatir acerca de la trascendencia de ciertos artistas, siendo más específicos, la importancia en un futuro de Miley Cyrus y Radiohead en las generaciones posteriores. Según él, si le preguntas a un niño a quien conoce, si a Miley o a Radiohead, te respondería con la primera opción. Sin embargo, con lo que no mi amigo no contó es que con el hecho de que el niño crecerá, y tal vez puedan seguirte gustando las canciones de Miley, o cambie de opinión y opte por escuchar algo diferente como a Radiohead o cualquier otro grupo. La mayoría hemos pasado por gustos musicales extraños en la infancia, ya sean canciones de Barney o Tatiana, pero al final terminamos eligiendo entre quedarnos con lo que más se escucha en los medios, nos pasamos al lado oscuro de los que se aferran al pasado o ambas cosas.
Supongo que así será en algunos años más, los niños escucharán diferentes canciones, algunos se quedarán con lo de ese momento y la mayoría canta, mientras los otros se guiarán por ese antiguo impulso que los atraerá a una banda extinta pero que toca sus emociones a pesar del paso de los años.
Mob of God es un grupo portugués poco conocido. Hace año y medio recibí un inbox promocional en una de mis extintas cuentas de YouTube y justamente venía este video como muestra.
Un día estás sintiéndo que vuelas tres metros sobre el escenario y al otro estás durmiendo tres metros debajo de este. Bienvenida al Club de los 27 Amy.
Esta canción la escuché el martes o miércoles de la misma semana en la cual encontraron muerta a Amy Winehouse, antes de eso, solo me parecía algo similar a Britney Spears y sus escándalos. Ahora le encuentro un valor extraño a este tema, porque si algo me gusta más que la música es encontrarme con un artista de un modo inevitable, pero esa será otra historia.
Desde la primera vez que ví este video me dió un escalofrío y luego no pude dejar de repetirlo. Considero que la parte más hermosa (sí, llámenme cruel), es cuando una lanza atraviesa a Jeremy Fraser y en lugar de sangre, le salen cintas rojas.
Otro detalle interesante son las voces infantiles cantando el coro al final, realmente Scott Lyon hizo algo terriblemente estético, o al menos esa es mi humilde opinión.
Siempre que escucho a Placebo me imagino escenas con tonalidades frías y mucha lluvia. Es curioso que justamente esta canción pertenezca a un film alemán que usa esas características: "Engel und Joe".
Esta película para algunos podría ser la típica película de los chicos enamorados que pertenecen a clases sociales diferentes (un punk y una chica de clase media), pero un acercamiento a las noticias alemanas (porque la trama se basa en un hecho de la vida real) podría corroborar que el final es totalmente diferente al que uno se imagina después de que corren los créditos.
Con este video siempre me acuerdo de "El viaje a la Luna" de Georges Meliès, a quien considero el padre de los efectos especiales (toma esa James Cameron).
Por obvias razones primero pongo la minipelícula en blanco y negro de Meliès y luego el video de los Smashing Pumpkins, espero ambos sean de su agrado.
Mis dos canciones favoritas de este señor son "To Me You Are A Work Of Art" y "The Last Of The Famous International Playboys". Son muy diferentes entre sí pero ambas tienes casi el mismo mensaje, claro está que "To Me You Are A Work Of Art" es más melancólica en comparación de la cínica "The Last Of The Famous International Playboys".
Solo puedo responderle de esta forma, diciéndole que nunca fui yo, y nunca lo seré, porque como diría la adorable Joan: "I guess I'm anti-marriage".
Go away from my window, leave at your own chosen speed.
I`m not the one you want, babe, I'm not the one you need.
You say you're looking for someone, never weak but always strong,
To protect you and defend you, whether you are right or wrong.
Someone to open each and every door.
But it ain't me, babe, no, no, no, it ain't me, babe,
It ain't me you`re looking for, babe.
Go lightly from the ledge, babe, go lightly on the ground.
I'm not the one you want, babe, I will only let you down.
You say you're looking for someone, who will promise never to part.
Someone to close his eyes for you, someone to close his heart.
Someone who will die for you and more.
But it ain't me, babe, no, no, no, it ain't me, babe,
It ain't me you're looking for, babe.
Go, melt back in the night, babe, everything inside is made of stone.
There's nothing in here moving, and anyway I'm not alone.
You say you're looking for someone,
Who'll pick you up each time you fall.
To gather flowers constantly, and to come each time you call.
A love of your life and nothing more.
But it ain't me, babe, no, no, no, it ain't me, babe,
It ain't me you're looking for, babe.
Hace algunas horas me encontraba en el supermercado y por inercia me dirigí a la sección de revistas. Unas semanas atrás había encontrado una edición especial con la historia de las cien mejores canciones de los Beatles, este domingo no fue la excepción, sin embargo, ya solo quedaban dos ejemplares y tenía la cartera vacía, por lo que me quedé como perro que ve un trompo de pastor: tiene hambre y le gusta torturarse.
Lamentablemente, la señorita McFly tiene el mal del lector promedio de Sangrons, por lo que decidí leer el dichoso ejemplar hasta que mi madre terminase de pasearse diez veces por cada pasillo, mientras compara precios y calidad en los productos.
Después de enterarme sobre el proceso creativo para la grabación de cada track hecho por mi adorado Cuarteto de Liverpool (y no me refiero a la tienda departamental), recordé la historia de cómo inició mi afecto incondicional por John, Paul, George y Ringo. Es una anécdota bastante irónica de la cual pocos saben, es más, creo que solo a tres personas se las he contado.
El Sargento Pimienta
De mucha gente que conozco, un muy pequeño porcentaje ha crecido escuchando algún disco de los Beatles, incluso hay quienes juran que fueron criados entre canciones de Crí-Crí y (coloque el título de cualquier álbum del catálogo Beatle). Yo crecí con la Onda Vaselina, el grillo cantor, entre otros artistas infantiles, siendo uno de mis pocos acercamientos a los Fab Four los casettes de mis padres con las canciones del Sargento Pimienta, nombre que hasta la fecha usa mi papá para el disco “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”.
A pesar de esto, nunca me llamó la atención saber quién era ese famoso militar con apodo de condimento, seguramente habría otro grupo llamado Soldado Sal o alguna cosa así de extraña, pero en ningún momento me pasó por la cabeza poner la cinta en el aparato de sonido de la casa de mi abuela, y eso que por el tocacintas pasó un desfile de artistas pop de todos colores y sabores.
En la primaria, una profesora de inglés, Miss Tere, nos ponía a cantar antes de iniciar las clases alguna melodía en inglés, algunos días recitábamos un poema llamado “Jack And Jill” y otras cantábamos “Yellow Submarine” aunque a la mayoría de mis compañeros les gustaba sacar de sus casillas a la maestra diciendo en el coro “Yellow Submarin-O!”; si acaso este sería otro de los vínculos indirectos con el Cuarteto durante mi infancia.
Llegando a secundaria, tras una mudanza y unos horrendos cambios hormonales, conocí a una amiga que me invitó a su casa. Entre sus curiosidades tenía un DVD de karaoke con el track “Yellow Submarine”. Pero, aunque recordaba parte de la letra, no podía evitar apartar los ojos de los cuatro sujetos ridículos con trajes de colores.
Ahora que lo recuerdo, en una presentación de fin de curso e intento fallido de la obra "Tornrak", tuvimos que hacer monólogos interpretando a nuestros animales favoritos (obviamente fui un gato), pero lo importante es que la banda sonora incluía la rola "Good Day Sunshine", y aún así me daba igual quienes eran los Beatles.
Era tercero de secundaria cuando se festejó el cumpleaños de otra chava, ahí conocí a un sujeto que tenía una obsesión por el grupo, pero nada bueno pasó, y terminé odiando temporalmente cualquier canción relacionada con este cuate, terminando embarrados en este pleito Lennon, McCartney, Harrison y Starr.
Este mero.
En segundo semestre de preparatoria, el resentimiento contra el Cuarteto se volvió curiosidad después de escuchar en una clase de inglés "When I'm Sixty-Four".
En mi casa tenían el CD “1” con “lo mejor” de los Beatles, por lo que en algún momento lo puse en mi estéreo para quitarme la espinita. A veces me saltaba canciones, otras las escuchaba completas o incluso los repetía, como fue el caso de Lady Madonna y Something. Meses después, y cito a mi madre: “El mentado disco ya había agarrado patitas a tu cuarto” sin contar con que también agarraba patitas a mi bolsa y a mis dos difuntos discman.
Medio año después ya me sabía el orden del CD “1”, ya sabía que primero iba “Love Me Do”, luego “From Me To You”, que “Eleanor Rigby” y “Penny Lane” iban juntas y antes de “The Ballad Of John And Yoko” estaba “Get Back”.
Q.E.P.D
Fue por esa época que me volví lectora tipo Sangrons en cualquier super, todo gracias a la extinta revista “La Mosca en la Pared” de la cual aún conservo tres ejemplares bien guardados que no presto ni de broma.
En algún momento, la redacción de dicha publicación hizo un especial sobre los Fab Four, y entre las páginas me hice de otro pequeño tracklist que incluía las canciones “Revolution”, “Lucy In The Sky With Diamonds” y “Strawberry Fields Forever”. Pero algo faltaba, no me conformaba con tan poco acervo musical, lo peor es que (y así es hasta la fecha) los únicos tres libros que tenía la biblioteca de la escuela acerca del grupo nunca estaban disponibles, incluso cuando me acuerdo y voy a revisar los estantes en la sección L sigue estando ese espacio vacío, fantasmal. Por este medio le digo a aquel adicto o adicta que por favor me deje leerlos un rato, mínimo dejar un libro “accidentalmente” para los mortales interesados.
Continuando con la historia, en algún punto me resigné a escuchar a más bandas, llegando a conocer a los Velvet Underground, The Cure, Joy Division, entre otros. Mientras mis amigas escuchaban a David Bisbal me hundía en la voz de Robert Smith, si escuchaban a Paulina Rubio, me escudaba con Ian Curtis, y si alguien me etiquetaba me enojaba al principio para luego mandarlos por un tubo. Así he sido, me he aislado en melodías extrañas para sentirme mejor, supongo que es un mal de los hijos únicos, o tal vez sea solo mi patología, si Freud estuviese vivo seguro diría que tengo alguna enfermedad mental sacada de la manga.
Con la llegada de YouTube y la creación de mi primera cuenta (que en paz descanse) comencé a coleccionar otros grupos como si fuesen estampitas, así me interesé por Nine Inch Nails, encontré el chiste en las canciones del “satánico” Marilyn Manson (quien comparado con grupos de Black Metal resulta ser como Parchis) y descubrí unas tres tristes canciones de Sopor Aeternus cuando era difícil encontrar la discografía de Anna-Varney Cantodea junto a sus chamucos internos.
Ch.A.T.M.
Casualmente llegué a una página llamada Imeem.com donde, creando una cuenta,se podía hacer un tracklist interminable con todo lo que se encontrara en la base de datos. Tres años después comenzaron a restringir la duración de las canciones dejando fragmentos de treinta segundos por track. Era momento de emigrar y encontrar otro camino para saciar mi curiosidad musical.
Placebo tocó mi puerta gracias a Dilandau.com, sitio donde hasta la fecha pueden bajarse canciones gratis pero no se tienen los discos íntegros. De Taringa.com no sabía absolutamente nada, por lo que me tuve que conformar con una biblioteca extremadamente parca.
Algún día, cuando valga algo mi riñón.
Entonces llegó el cambio, la llegada del internet a mi casa, y de Ryuk, mi hijo electrónico. Busqué por todos lados la posibilidad de encontrar la discografía completa de The Beatles, era momento de regresar a mi misión original. Wikipedia tenía algo de información de ellos y ahí encontré los títulos de los discos del catálogo oficial Beatle, para luego que descargarlos en baja calidad de audio. Ese fue mi regalo de Navidad. Además hay que considerar que hasta la fecha soy estudiante muerta de hambre, por lo que financiarme los discos originales me trae problemas monetarios graves. Sin embargo, sigo esperando ahorrar para comprarme los CDs originales, aunque cada vez que los encuentro a 500 pesos cada uno, a veces dudo poder conseguirlos sin vender alguno de mis órganos.
Un amigo me pasó todos los discos incluyendo los Decca Tapes, los cuales escucho completitos cuando se puede y se tiene tiempo, creando de vez en cuando mis fines de semana con los Fab Four, recostada en mi cama leyendo, escribiendo, o solo pensando como hubiese sido estar en la década de los 60.
No, nadie entiende que con mis Beatles he tenido una relación de odio y amor, búsquedas por todos lados, un despertar donde te das cuenta que el resto del mundo prefiere escuchar canciones actuales, lo que pasan en la radio, en la televisión o es más destacado en Youtube, mientras tu espíritu prefiere llevarte atrás donde se forjo el mundo tal como lo conocemos.
A veces me percato que soy una señora cincuentona encerrada en un cuerpo de casi veintidós años, mientras casi todos mis conocidos escuchan artistas a los cuales no les encuentro ningún sentido. No puedo evitar que se me escape ocasionalmente la frase “Ojalá tuviese más amigos raros o con una historia como la mía” seguida por unos ojos de pistola como respuesta a mis plegarias, pero es que aún no he encontrado muchos chavos de mi edad que digan “Sí, yo he pasado por una historia similar a la tuya” o que al menos entiendan lo que es sentirse en la década equivocada.
Es en esos momentos de desaliento que regreso a ser la chava de preparatoria con los audífonos puestos mientras suena “The Fool Of The Hill”, que por alguna extraña razón se encuentra con bandas viejitas o escucha grupos que hacen reminiscencia al pasado, nada más para no comenzar a sospechar que no existe alguien interesado en leer sobre cómo se hicieron esas canciones, técnicamente hechas a mano, y que en ciertos momentos llegan a formar más historias caseras, como esta que te conté.
En la página http://createmyalbum.kaiserchiefs.com/ pueden hacer un álbum personalizado de 10 canciones, e incluso pueden diseñar su portada. Y no solo eso, por la módica cantidad de 7.50 libras pueden tenerlo en la comodidad de sus computadoras. Incluso, pueden ver los tracklists de otros usuarios y comprarlos ^_^.
Yo no confío en la gente que no le gustan las canciones del cuarteto de Liverpool (o los Fab Four), pero tampoco confío en quienes dicen que su obra maestra es "Yesterday".
Glee y Journey son dos cosas diferentes, sin embargo, para mí, no hay nada como la versión original con la voz del buen Steve Perry.
Además, esta canción es la que más se usa en películas o en series cuando hay momentos clave en la vida de los personajes. Caramba, a veces me gustaría tener un momento Journey como en la pantalla grande (o chica también).